Miscelánea > OFF-TOPIC
aquellos maravillosos años, la década de los 80 y 90.. ( no sólo música)
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^_XQUE_^:
Armado con una bicicleta roñosa que portaba un mecanismo afilador se paseaba por toda la city, tocando una escala ascendente y descendente con una armónica de plasticucho barato seguida de un grito estilo "AFIIIIIILLLLLADOOOOOOOOO R, HA LLEGADOOO EL AFILADORRRRRRR SEÑÑOORA", para hacer notar su presencia en el barrio.

Tras unos 10 minutos de insufrible infierno sonoro, llegaban los primeros vecinos con una bolsaza del Pryca llena de cuchillos gastados que este pedazo de genio afilaba eficientemente subido en su bicicleta, suplicando no volver a escuchar la puta melodía que por aquellas alturas ya tenía todo el barrio insertada hasta el mismísimo hipocampo.

Para que podáis apreciar en detalle este grandioso clásico de los ochenta (y de los setenta, sesenta y décadas anteriores), que mejor que un vídeo en exclusiva. Atentos a este pedazo de momento histórico:

http://es.youtube.com/watch?v=_aT-8c7dtHU

Charly el Sectario:
aki en mi barrio hay uno de esos xD
^_XQUE_^:
En la imagen 1, tenemos el que fue posiblemente el artilugio de oficina más temido entre los estudiantes de EGB; ni más ni menos que la Milan 840, fuente de ira juvenil y destrucción de papiros por doquier. Los ingenieros involucrados en el diseño futurista del "Proyecto 840" quisieron cambiar el rumbo de la historia con una goma que podía borrar tanto lápiz como bolígrafo. Los resultados fueron la puta ecatombe; utilizar el lado azul de la goma (con un tacto similar al de una lija de carpintero) suponía la destrucción inmediata del papel donde estaba alojado el garabato que queríamos eliminar. El terrible efecto abrasador de la 840 supuso la relegación de esta goma a lo más bajo del escalafón gomístico; se comenzaron a poner de serie en los estuches "Greatest Hits" de Pelikan, que no eran más que macro estuches lleno de purria oficinística de baja calidad. Ahí acabó la triste historia de la 840, abandonado a su suerte entre sacapuntas de plástico barato y compases "La Tomasa".

Cuando la quiebra de la compañía era inminente, los palurdos ingenieros de Milan sacaron a la palestra la serie 400 (imagen 2), que fue un éxito sin parangón. Estas gomas tenian la peculiaridad de producir un cantidad extrema de resto gomístico tras ser utilizadas: la mesa quedaba como un gallinero, con mierda gomera desperdigada por todos los rincones. La versión deluxe (solo disponible para los más pijeras) era una goma de una envergadura similar a la de una caja de turrón "El Lobo" y paradójicamente jamás era usada para borrar; aquel mamotreto se utilizaba como proyectil en el 100% de los casos. El sinsentido ochentero se imponía una vez más.

El tercer modelo que afianzó a Milan como líder ochentero del sector fue la Milán Nata (imagen 3). ¿Quien no ha pegado un muerdo en algún momento de su vida a esta goma de engañoso nombre? Puedo asegurar sin temor a equivocarme, que la gran mayoría de vosotros habéis catado el pésimo sabor de esta delicia ochentera. El olor era magnífico, y la apariencia inmejorable pero inexplicablemente idearon esta goma para borrar. A pesar de ello, desarrollamos una capacidad innata para la ingesta de el modelo "Nata"; al final te acostumbrabas al puto sabor y a falta de Bollicao en la hora del patio, buena era una Milan Nata.

^_XQUE_^:
A pesar de los turbios recuerdos cerealísticos, los Kellogg's fueron nuestra principal fuente de alegría matinal durante los ochenta. En el reverso del abrumador paquete de Smacks y similares siempre había promociones que hacían las delicias de los niñatos ochenteros y que nos ayudaban engullir con más alegría la ingente ración de arroz inflado chocolateado que teníamos ante nuestra jeta.
Los regalos eran auténticas patrañas jejejejjje hasta que llegó un illuminati y diseñó el ítem perfecto: el mítico tazón de plástico duro de Kellogg's.
La adquisición de esta maravilla del diseño industrial se hacía vía el envío de los cupones recortables que había en el lateral del paquete. Nuestra inusitada impaciencia hacía que recortásemos los cupones ya en el mismo Pryca, sin ni siquiera haber comprado el producto. Los primeros hurtos a gran escala surgieron por la codicia que propició semejante tesoro tazonero; una auténtica escuela de ladronzuelos de tres al cuarto.
La recepción del dichoso tazón, vía Correos, se podía demorar hasta varios meses, lo que hacía que nos cagásemos en las malditas muelas del Dr.John H.Kellogg y del cartero de turno, pensando que habíamos sido estafados como auténticos bananas de turno!!!

La llegada del execrable tazón a provocaba en nosotros una alborozo similar a la de un premio gordo de Navidad. El curioso objeto decorado con el logo de Kellogg's y la mascota de turno, debía estar fabricado con el material más sólido conocido en la faz de la Tierra. A día de hoy, este puto tazón ha superado todas las barreras del tiempo y sigue usándose en mi casa como la vajilla central del desayuno. Ahí lo tenéis, aguantando firme todas las inclemencias a las que ha sido sometido; arroces con leche, exquisitas mezclas etanólicas, restos de gambas, Sopinstants, helados de leche merengada y hasta gazpachos con exceso de comino. Un puto cuenco multiusos
que posiblemente durará varios decenios más sin alterar un ápice su sólida estructura molecular.

rosita:
Nose si todavía existen los muñequitos de harina, almenos ami me encantaban
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