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Nuevo artículo del Blog de Granollers On Fire ;D Rapsodas del misógino Cualquiera que me conozca mínimamente sabrá que un servidor cree en la absoluta igualdad entre seres humanos, con independencia de sexo, religión, raza, condición sexual e incluso gusto musical. Esta última condición me cuesta, lo reconozco, pero con el paso de los años he adoptado una posición muy tolerante incluso con adoradores de la bachata. Vive y deja vivir, vamos. Y, bueno, realmente lo más complicado no es vivir según tus propios valores y criterios, sino que te dejen vivir como tal. Cuando eres un adolescente, lo complejo es tener personalidad propia y evitar caer en la pegajosa melaza de la moda del momento, como mosca en telaraña, que todo lo diluye y estupidiza; pero cuando te forjas tu personalidad propia, cuando haces lo que realmente quieres, lo complejo es que te dejen vivir en paz. Vamos, que la gente tiene la puta manía de decirte constantemente lo que tienes que hacer o lo que tienes que pensar. Erigirse en jueces de los demás. Y pocas cosas detesto más en este jodido mundo que la superioridad moral de determinadas personas. A mirar por encima del hombro a vuestra puta madre, amiguitos. Dejando a un lado otras ideologías o posiciones sociales que habitúan a hacer gala de una arrogancia y superioridad moral verdaderamente irritante -como algunos, que no todos, los veganos, o algunos movimientos de izquierda- mis rayos y centellas se dirigirán, en esta ocasión, hacia el feminismo del siglo XXI. Y me jode tener que ponernos en el disparadero, os lo juro. Porque yo, como he dejado claro desde el principio, soy un absoluto defensor de la igualdad entre sexos, y debo ser de los pocos que predica con el ejemplo. Pero eso no es suficiente para el feminismo actual. A pesar que su objetivo fundamental durante gran parte del siglo XX fue ése, y no otro, ahora tenemos que soportar que una especie de adalides del movimiento señalen como machista hasta el acto de respirar. Entre el mansplaining, el manspreading, el machismo del ajedrez (véase más abajo), la prohibición de cualquier imagen de violencia contra una mujer, sea o no por razón de su sexo, la cantinela de los miembros y las miembras, y todo un piélago de gilipolleces de misma naturaleza, el movimiento feminista se ha convertido en una caricatura de sí mismo. Y como todo ofende, todo debe ser prohibido; y la mujer, que había alcanzado cierta igualdad, vuelve a sobreprotegerse por parte de estas absurdas reivindicaciones. Las propias feministas que niegan el axioma del sexo débil lo refuerzan con sus actos. Continúa en http://www.granollersonfire.com/news/rapsodas-del-misogino/ |
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Nuevo artículo del Blog de Granollers On Fire ;D Historias de España: La irreductible Cardona (1714)/ El ser humano necesita creer en algo. Con el paso de los años, he ido despojándome de mis servidumbres ideológicas, he ido desprendiéndome de los prejuicios que a todos nos impiden ver más allá de nuestras propias narices, he aprendido a ver las cosas desde una barrera de sano escepticismo y me he dado cuenta que la gente necesita creer en algo, sea lo que sea, con independencia de que sea aprehensible por mí mismo. La gente necesita amarres que les ayude a soportar el sinsentido de su existencia. Y yo, en el fondo, pese a mi recalcitrante nihilismo y mi en ocasiones impostado objetivismo, también necesito creer en algo. En realidad, si me analizo a mí mismo, creo en muchas cosas que no pueden ser ponderadas, medidas o desglosadas. Creo en la empatía mamífera, por ejemplo, y aborrezco a todo aquél que desprecia al resto de animales. Creo en la inteligencia del ser humano como herramienta capaz de crear cualquier cosa que sea capaz de imaginar nuestra mente. Creo en la amistad y en que el hombre es un animal social que debe su grandeza a la capacidad de interactuar con los demás a un nivel profundo. Creo y seguiré creyendo en el poder de la música. Creo, en definitiva, que pese a todo, todavía tenemos una esperanza de redención como especie; que todavía puedo confiar, aunque sea de manera residual, en la humanidad. Seré ingenuo, en efecto, pero es lo que tienen las creencias. No se basan en certezas, sino en emociones. En tendencias que en ocasiones son inexplicables. Por ese motivo, me obligo a entender a los demás. Me obligo, como digo, pues no es tarea fácil. Incluso en esta sociedad sin valores y sin ideas claras, sometida a un pernicioso relativismo que incluso huye de la realidad misma, todos acabamos fijando nuestra postura sobre cualquier circunstancia de nuestro entorno. Ya sea por haber alcanzado una conclusión tras un elaborado razonamiento interno o por haberlo escuchado en la pescadería, ciertos axiomas se fijan en nuestro cerebro y nos mueven el caleidoscopio en una posición determinada. Y si yo veo azul lo que tú ves verde, debemos hacer un esfuerzo para comprendernos. Y para minimizar este esfuerzo, deberíamos partir de la base de que no tenemos la razón. Ni el otro. Que por lo general nadie la tiene. Y eso cuesta, queridos lectores. Cuesta un huevo. (...) Como he dicho, el ser humano necesita creer en algo. Y tener símbolos que refuercen su creencia. Y, para el independentismo catalán, pocos símbolos tienen más entidad que lo acontecido el día 11 de septiembre de 1714. Hay voces que no entienden, o incluso critican, que se rememore una derrota, pero eso únicamente denota su profunda ignorancia y el desconocimiento de lo que representa este símbolo. No se pretende celebrar una derrota. La celebración del 11 de septiembre pretende demostrar que, pese a aquella derrota, Catalunya continúa en pie. Que los ganaron, sí, pero que no se rendirán. Que la batalla continúa. Quién ganó y quién perdió y qué batalla continúa puede discutirse, por supuesto, pero la fijación de este símbolo tiene razón de ser. Pero claro, la historia es mucho más fértil que la pura simbología, que tiende a la simplificación, y estoy convencido que más allá de los cuatro lugares comunes, poca gente conoce qué pasó realmente en ese acontecimiento. Hay personas que desconocen el conflicto europeo que subyacía a la Guerra de Sucesión española o que incluso ignoran que fue Cardona, y no Barcelona, el último bastión catalán en capitular ante el Borbón; evento que tuvo lugar una semana después del famoso 11 de septiembre de 2014. Vaya, esto no lo sabíais, ¿verdad? Veamos con qué más os puedo sorprender./ Continúa en http://www.granollersonfire.com/news/historias-de-espana-la-irreductible-cardona-1714/ |
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Nuevo artículo del Blog de Granollers On Fire ;D El sueño de Tartini ¡Ah, la inspiración! Qué haríamos sin ella. Cómo podría yo, o cualquiera, preparar un artículo, un escrito de cualquier naturaleza, un libro o cualquier actividad creativa sin que esa inspiración, que podemos llamar musa, viniera a visitarnos. En mi caso, suele aparecer como una ráfaga en mi cabeza, de repente, sin venir a cuento; y en ocasiones, tal y como aparece se esfuma. Y se pierde. Decía Camilo Jose Cela que la inspiración, o la musa, que encaja mejor en el símil, es una mujer caprichosa, y sólo si se nos aparece trabajando podemos aprovecharla. No podemos esperar a que venga para iniciar nuestro trabajo; tenemos que iniciar nuestro trabajo para que ésta venga a visitarnos. Decía otro escritor que él llevaba siempre consigo una libreta en blanco y un lapicero para anotar cualquier cosa que se le ocurriera y le pareciera interesante. Porque los pensamientos, como las musas, van y vienen, y como no te subas al tren, éste parte sin ti. La Real Academia Española -que, a pesar de que me tiene contento con sus absurdas eliminaciones de tildes diacríticas o su sistematización de palabras como cederrón o culamen, continúa siendo referencia para conocer el significado de las palabras en nuestro idioma- define a una musa como la “inspiración propia de un artista o escritor” en su segunda acepción. Sin embargo, el hecho de que, por lo general, personifiquemos a una musa en forma de mujer, tiene su origen en la primera acepción del término: “una musa es cada una de las nueve deidades que, según el mito, habitaban, presididas por Apolo, en el Parnaso o en el Helicón, protegiendo las ciencias y las artes liberales”. Por tanto, el concepto viene de antaño. De la Antigua Grecia, para ser más exactos. De los propios dioses. Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Talía, Terpsícore y Urania. Así se llamaban estas nueve deidades que, con su danza veleidosa, inspiraban al hombre griego en las artes del canto, historia, poesía, música, tragedia, religión, danza, comedia y astronomía, respectivamente. No obstante, Sócrates, personaje histórico que no merece presentación, no recibía su inspiración de estas musas mitológicas, sino de un daimon. Platón, discípulo de Sócrates, –al que le debemos el conocimiento de Sócrates, pues éste no dejó nada escrito- definió a un daimon como un ser intermedio entre los mortales y los inmortales cuyo propósito era transmitir los asuntos divinos a los humanos y los asuntos humanos a los dioses. Que igual que Calíope, por ejemplo, intermediaba entre una cantante y Apolo, los daimon intermediaban entre los filósofos y los dioses; por lo que podemos deducir que, en efecto, un daimon era una especie de musa. Palabra, ésta, que con el paso de los años y bajo el prisma del cristianismo, se transformaría hasta convertirse en un término que continúa hasta nuestros días, pero con un significado que ha variado ostensiblemente: demonios. Continúa en http://www.granollersonfire.com/news/el-sueno-de-tartini/ |
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Nuevo artículo del Blog de Granollers On Fire ;D Las lluvias de Castamere El día 2 de mayo de 2015, mi mujer y yo nos desplazamos a Madrid para ver la exposición de la serie de HBO Juego de Tronos. Gracias a las gestiones realizadas por mi mujer en no sé qué página web y por mediación de una especie de sorteo, ganamos dos pases gratuitos para ver la referida exposición, por lo que, fanáticos que somos de la obra de George R.R. Martin y con las expectativas muy altas, compramos sendos billetes de AVE y nos plantamos en la capital de España como niños que van por primera vez a un parque de atracciones. Al llegar a la exposición, nos encontramos una fila colosal, por lo que nuestra ilusión se desinfló sin remisión al imaginar varias horas de cola. Pero no. Todo quedó en un susto. Por un jodido día, la suerte nos sonreía a mí y a mi mujer, acostumbrados a recibir siempre la cruz de la moneda; y es que, con este tipo concreto de entradas gratuitas, teníamos absoluta preferencia para entrar a la exposición. Nerviosos, sonrientes, y con ese gusanillo en el estómago que tan poco abunda en la edad adulta, entramos a los pocos minutos de esperar en una ridícula cola, en cuanto unos tipos disfrazados de Inmaculados nos cedieron el paso. Os aseguro que mereció la pena. Mereció la pena levantarse a las cinco de la mañana para coger el tren, caminar dos kilómetros por Madrid hasta llegar a la exposición y acojonarnos, aunque fuera momentáneamente, con aquella interminable cola: La corona de Joffrey Lannist…. esto, Baratheon; la espada de Gregor Clegane, la Montaña que cabalga; el vestido de Daenerys Targaryen; el atuendo de Jon Snow en la Guardia de la Noche, incluyendo la espada Garra; el rubí rojo de Melisandre; el casco hecho de huesos de Casaca de Matraca e incluso la maravillosa espada Guardajuramentos, o Hielo, siendo todo este atrezzo original de la serie de HBO, nos hicieron pasear por la exposición con la boca abierta y los ojos abiertos hasta ocultar los párpados. Pudiendo tocar, apreciar en directo, sentir, comparar. Tener en frente. Incluso tuvimos ocasión de echar un buen rato con actividades interactivas con dragones, convertirnos en caminantes blancos por un instante y, ni que decirlo tiene, sentarnos en el Trono de Hierro. Una experiencia alucinante. Continúa en http://www.granollersonfire.com/news/las-lluvias-de-castamere/ |
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Nuevo artículo del Blog de Granollers On Fire ;D Tears in the rain El tiempo. Tic, tac. Sin prisa, sin pausa, a un ritmo constante, transcurre sin que nada ni nadie pueda detenerlo. Tic, tac, suena el reloj, pero el tiempo no se oye, ni se ve, ni se siente en la piel. Existe. Y podemos comprobar su existencia por el mero hecho de que el momento precedente es diferente al momento posterior. El tiempo, la cuarta dimensión, avanza sin nunca retroceder; y es que, si bien podemos movernos por las otras tres dimensiones en todas direcciones, arriba y abajo, adelante y atrás, izquierda o derecha, el tiempo tiene una única dirección. Tic, tac. Ese instante ya ha pasado y nunca volverá. Y toda ilusión de control del tiempo no deja de ser un puro artificio. El reloj mide, no controla, no permite modificar el flujo temporal. El tiempo se nos escapa, literalmente, entre los dedos. Un preso condenado a dos años de presidio tendrá la percepción de que le sobra tiempo. Al contrario, un enfermo de cáncer al que le han pronosticado dos años de vida tendrá la percepción de que le falta tiempo. Y es que la percepción subjetiva que tenemos del tiempo no tiene nada que ver con su medición objetiva. Hay segundos que son eternos y días que transcurren sin darnos cuenta. El elemento subjetivo permite al ser humano interpretar el paso del tiempo en función de una pléyade de condicionantes. Tarde, pronto, largo, corto. El tiempo es. Somos nosotros los que le ponemos apellidos. Continúa en http://www.granollersonfire.com/news/tears-in-the-rain/ |
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